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Con ocho años de servicio en el Ejército Nacional, el soldado profesional Óscar Piedra ha aprendido que la verdadera fortaleza de un militar no solo se mide en el campo de operaciones, sino también en su capacidad para levantarse de la adversidad, seguir aprendiendo y poner el conocimiento al servicio de los demás.
Oriundo de Neiva, Huila, esposo de Luz Miriam y padre de Emily Sofía, de cuatro años, Óscar ha construido su carrera con disciplina, sacrificio y un profundo sentido de pertenencia por Colombia. Hoy cursa el Curso de Mantenimiento de Armamento, en la Escuela Logística del Ejército Nacional. Una oportunidad que recibió con orgullo y gratitud, convencido de que la educación es la herramienta más valiosa para crecer como militar y como ser humano.
Actualmente se prepara para asumir nuevas responsabilidades en el depósito de armamento del BASER 9, en Neiva, donde espera aplicar los conocimientos adquiridos y convertirse en multiplicador de ese aprendizaje para otros soldados.
Sin embargo, su historia va mucho más allá de la formación técnica. Óscar Piedra es uno de los sobrevivientes del vuelo Hércules 1016, una tragedia que marcó su vida para siempre y que le permitió comprender el verdadero valor de la preparación y el conocimiento. Tras sobrevivir al accidente, asegura que Dios le concedió una segunda oportunidad para seguir sirviendo y contar su historia.
En medio del caos y la incertidumbre, recurrió a los conocimientos adquiridos como socorrista militar, lancero y asalto aéreo para actuar con serenidad y auxiliar a varios de sus compañeros heridos. Gracias a esa formación logró participar en las labores de rescate, contribuyendo a salvar vidas, entre ellas la de una suboficial de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, quien fue la única mujer sobreviviente del siniestro.
Aquellos minutos marcaron un antes y un después. Comprendió que cada curso, cada entrenamiento y cada enseñanza recibida durante su carrera militar tenían un propósito que trascendía el cumplimiento del deber: estar preparado para actuar cuando otros más lo necesitan. Desde entonces, tiene la convicción de que el conocimiento no solo fortalece a un soldado, sino que también puede convertirse en la diferencia entre la vida y la muerte.
Con emoción recuerda las enseñanzas del teniente Chávez Ortiz Brethmen David, instructor de quien aprendió procedimientos fundamentales de atención prehospitalaria, especialmente el control de hemorragias, conocimientos que posteriormente resultaron decisivos durante la emergencia y quien también es sobreviviente al vuelo Hércules.
Las experiencias vividas también fortalecieron su deseo de seguir preparándose. Sueña con estudiar enfermería y especializarse en sanidad militar para continuar ayudando a quienes más lo necesiten. "Cada día que uno aprende es la riqueza más grande que se puede llevar", afirma, agradeciendo a sus comandantes por brindarle oportunidades de capacitación.
A lo largo de sus ocho años de servicio también ha enfrentado complejos escenarios operacionales, entre ellos hostigamientos y el atentado con lancha bomba ocurrida en septiembre de 2025 en el Batallón de infantería Juan Bautista en el Putumayo. Cada experiencia ha fortalecido su resiliencia y reafirmado su compromiso con la misión institucional.
Con profunda nostalgia, Óscar recuerda a uno de sus grandes amigos, Petevy Pantoja, con quien compartió desde su ingreso a la Escuela de Soldados Profesionales desde 2018. Juntos iniciaron el camino de la vida militar, construyeron una amistad basada en la confianza, el compañerismo y el servicio a la patria. Petevi, a quien describe como un hombre noble, sencillo e incondicional, falleció en el accidente del vuelo Hércules 1016, una pérdida que aún permanece en su memoria y que lo impulsa a honrar su legado cada día de servicio.
También expresa un profundo agradecimiento hacia el cabo Andrés Rincón Machado Q.E.P.D., a quien reconoce como uno de sus líderes y comandantes. De él aprendió el valor del liderazgo con el ejemplo, la disciplina y el compromiso con la misión. Las enseñanzas, la confianza depositada en él y la experiencia compartida bajo su mando marcaron su crecimiento como militar y como persona.
Para el soldado profesional Piedra, los hombres y mujeres que han hecho parte de su camino representan la esencia del Ejército Nacional: una sola familia unida por la lealtad, el compañerismo y la vocación de servicio. Son recuerdos que hoy lleva consigo y que fortalecen su compromiso de seguir preparándose para servir a Colombia con honor.
Historias como la del soldado profesional Óscar Piedra reflejan el impacto de la educación militar en la vida de quienes integran la Fuerza. A través del Centro de Educación Militar (CEMIL) y de sus escuelas capacitación, el Ejército Nacional fortalece las competencias de oficiales, suboficiales y soldados profesionales, preparándolos no solo para cumplir con excelencia su misión institucional, sino también para afrontar los desafíos de la vida con liderazgo, humanidad y vocación de servicio.
Porque detrás de cada uniforme hay una historia de esfuerzo, aprendizaje y superación; y, en ocasiones, un conocimiento adquirido en las aulas puede convertirse en la diferencia entre la vida y la muerte.
Escuelas CEMIL
Conozca las escuelas que integran el Centro de Educación Militar y fortalecen la formación, especialización y proyección académica del personal militar.

La Escuela de Armas Combinadas del Ejército (ESACE), es una de las escuelas del CEMIL, y tiene como misión capacitar y entrenar a oficiales y suboficiales en operaciones tácticas, forjando líderes militares mediante el desarrollo de habilidades en ciencias militares, tácticas conjuntas y liderazgo

La Escuela de Infantería del Ejército Nacional de Colombia está ubicada en el Cantón Militar Norte en Bogotá, y forma parte del Centro de Educación Militar (CEMIL). Es la institución encargada de la educación táctica, liderazgo y doctrina para oficiales y suboficiales del arma de infantería.









